{"id":4743,"date":"2026-07-28T10:25:32","date_gmt":"2026-07-28T16:25:32","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4743"},"modified":"2026-07-28T10:25:32","modified_gmt":"2026-07-28T16:25:32","slug":"la-nina-bonita-de-ojos-chinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4743","title":{"rendered":"La ni\u00f1a bonita de ojos chinos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4746\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica.jpg\" alt=\"\" width=\"1500\" height=\"844\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica.jpg 1500w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica-768x432.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-nina-bonita-de-ojos-chinos-cronica-640x360.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>La autora de esta historia, \u00c9rika \u00c1vila, debuta en este espacio cont\u00e1ndonos un recuerdo muy entra\u00f1able de su infancia. C\u00f3mo a muchos nos sucedi\u00f3, los abuelos principalmente y los escenarios de ellos se convirtieron en un tel\u00f3n de fondo que nos marcar\u00eda de por vida.<\/em><\/p>\n<h3>Por \u00c9rika \u00c1vila<\/h3>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Soy la calle inclinada de Santander, el ropero viejo en el cual ocultarse para evitar una reprimenda, soy sus ojos color miel contempl\u00e1ndome, soy la sangre que cae en el pecho de los pugilistas y las voces extasiadas vitoreando un gol, soy la mu\u00f1eca de trapo formada con manos torpes, soy una ma\u00f1ana triste de octubre, soy el fruto que cae y regala su aroma a los caminantes, soy todo, menos la ni\u00f1a bonita de ojos chinos.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">He vivido por cuarenta a\u00f1os en una casa que no es mi casa, mi hogar fue la casa de mis abuelos, en la calle de Santander. Esa es mi casa por decisi\u00f3n, por nostalgia y a ella siempre se remiten mis recuerdos. De los pasillos y las habitaciones de techo alto, la mesa circular de tres patas, la consola que alberga los discos de vinilo, las carpetas tejidas a gancho que cubr\u00edan el gabinete y el televisor, la puerta negra y la ventana con mosquitero es de donde germin\u00f3 mi esencia, donde despert\u00f3 mi vida.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">La casa la habitaban mis abuelos y mi t\u00eda Bertha a quien siempre le llamamos \u201cChata\u201d, de ella tengo pocos recuerdos de esos a\u00f1os, y no por falta de cari\u00f1o, sino porque mi t\u00eda trabajaba en una f\u00e1brica de costura y llegaba a casa cuando nosotros, mi madre, mis hermanos y yo ya \u00edbamos de salida a nuestra casa. Para llegar con mis abuelos deb\u00edamos tomar la ruta 50A en la Avenida Experiencia, el cami\u00f3n recorr\u00eda diez cuadras en camino recto, giraba a la derecha en la Avenida Fidel Vel\u00e1zquez, antes Montecasino, hasta llegar a la Avenida Alcalde, ah\u00ed el transporte giraba a la izquierda y justo en la esquina, en la avenida, descend\u00edamos; se pod\u00eda ver a una mujer joven con una fila de ni\u00f1os avanzar por la vialidad. Por decreto materno todos deb\u00edamos caminar tomados de la mano, los m\u00e1s grandes sujetaban a los m\u00e1s peque\u00f1os, tanto al andar por la avenida y cruzar el parque, hasta llegar a la esquina de la calle Santander, ah\u00ed se acababan las restricciones y corr\u00edamos cuesta abajo hasta mitad de la calle, frente al convento, donde ya nos esperaba Piedad, ataviada toda de negro y encima de su ropa de luto bien sujetado portaba a la cintura su mandil de cuadros bordados con punto de cruz. Piedad siempre se visti\u00f3 de luto, en su juventud perdi\u00f3 a dos hijos, Esperanza de meses de nacida e Ismael de un a\u00f1o. En su vida adulta, antes de llegar a Guadalajara, muri\u00f3 mi t\u00eda Victoria a la cual no conoc\u00ed, pero de la que hay varias fotograf\u00edas, en una de ellas se le mira con su uniforme deste\u00f1ido, las medias blancas y los zapatos sucios, tal vez porque en aquellos tiempos, en Zacatecas, no todas las calles ten\u00edan adoqu\u00edn o empedrado y los caminos eran polvorientos, a lo menos eso refleja la imagen. Mi t\u00edo Luis muri\u00f3 siendo un adulto, ten\u00eda 32 a\u00f1os y fue su muerte la que termin\u00f3 con la alegr\u00eda de Piedad. Siempre pens\u00e9, aunque no lo dije, que la tristeza de mi abuela se deb\u00eda a \u201cEl Botell\u00f3n\u201d, el hombre del que ella siempre estuvo enamorada, y con el cual no le permitieron casarse. Cuando Silverio ve\u00eda el box y yo me sentaba a su lado, me recargaba en su hombro y pensaba mucho en \u201cEl Botell\u00f3n\u201d y lo odiaba profundamente, mientras que le daba palmadas y besos a mi abuelo en el brazo, me repet\u00eda en el pensamiento que nunca le contar\u00eda a mi abuelo las historias que escuch\u00e9 en secreto. A Piedad nunca la vi re\u00edr, siempre estaba afanada cocinando, lavando ropa, tejiendo manteles, colchas, ni siquiera cuando perdi\u00f3 la vista dejo de hacer algo. Sus \u00faltimos a\u00f1os la pas\u00f3 recortando recuadros de tela para hacer con manos torpes mu\u00f1ecas de trapo.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">\u00bfY a Silverio? \u00bfC\u00f3mo describirlo? A Silverio le he escrito poemas, cartas, lo tengo encima de mi bur\u00f3 y en una pared pendiendo de una fotograf\u00eda y aun as\u00ed siento que se me escapa, que como la brisa va y viene y no puedo contenerlo. De mi abuelo conservo un reloj de extensible plateado y car\u00e1tula gris, las manecillas marcan las 11 con 10 minutos y 51 segundos. El fechador se detuvo un d\u00eda domingo 8. En la caja rosa de los recuerdos atesoro dos cartas que le escrib\u00ed, las cuales enroll\u00e9 como papiro y at\u00e9 un list\u00f3n con la intenci\u00f3n de colocar un hilo y sujetarlas a un globo, as\u00ed como vi en una caricatura, pero el intento fue en vano, las cartas no se elevaron, fue entonces que descubr\u00ed la orfandad, fue entonces que la alegr\u00eda infantil se desvaneci\u00f3 y me qued\u00e9 as\u00ed, en la azotea de mi casa, contemplando a la nada, con la sensaci\u00f3n de vac\u00edo que deja el silencio, la ausencia.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Silverio era un ni\u00f1o en un mundo viejo, siempre festivo, coqueto, arrebatado, encantador. Sus ojos color miel eran un abrazo de luz de sol, su figura delgada y peque\u00f1a se pod\u00eda mirar cuesta arriba, empujando el carrito de nieves para detenerse en una esquina a esperar por la gente, por las palabras y los rostros que hac\u00edan sus d\u00edas. Hoy me pregunto si mi abuelo salv\u00f3 a alguna de esas personas que formaban parte de sus d\u00edas, si salv\u00f3 a alguien como lo hizo con mi abuela, cuando acept\u00f3 \u201cjuyirse\u201d con ella, aquel d\u00eda en que sus padres furiosos pretend\u00edan casarla con un hombre mayor al descubrir que estaba entusiasmada con un revoltoso con aires de revolucionario. \u00bfHabr\u00e1 salvado a alguien m\u00e1s? Como cuando decidi\u00f3 venir a vivir a Guadalajara, y dejar su casa en la calle Del \u00c1ngel y abandon\u00f3 su trabajo en el gobierno, todo por proteger de las habladur\u00edas y el desprecio familiar hacia su estirpe, porque una de mis t\u00edas \u201cdio el mal paso\u201d. Como me salv\u00f3 a m\u00ed y enfrent\u00f3 a mi madre y pude quedarme a su lado mirando las peleas de box y acompa\u00f1arlo a ver los partidos llaneros en el terreno bald\u00edo que estaba cerca de su casa, mi casa.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Recuerdo que mi madre siempre me dec\u00eda: \u201clas ni\u00f1as bonitas se aguantan\u201d, y comenzaba para m\u00ed el suplicio cuando cepillaba mi cabello rizado y lo sujetaba hacia atr\u00e1s para formar una coleta y dejarme con los ojos chinos durante todo el d\u00eda. Resist\u00eda lo m\u00e1s posible para complacerla, pero en mis adentros sab\u00eda que mi cabello encrespado dar\u00eda al traste con el esmero de mi madre para que me viera presentable. Aprend\u00ed y obedec\u00ed no por convencimiento a vestirme, comportarme, hablar y jugar como ni\u00f1a. Mis tardes despu\u00e9s de la escuela trascurr\u00edan en hacer el papel de cocinera, que era uno de los pocos juegos que disfrutaba, mi madre me compr\u00f3 un bracerito y trastes de barro, verter aceite en los peque\u00f1os sartenes y ver c\u00f3mo el l\u00edquido burbujeaba y humeaba al contacto con las peque\u00f1as bolitas de masa, era mi deleite.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">En cambio, el juego de t\u00e9 blanco con flores rosas, las barbies vestidas con ropita y accesorios del tianguis, la matatena y los palillos chinos que me hab\u00edan sido regalados en Navidad y en D\u00eda de Reyes, los repel\u00eda. Recrear escenas de la novela en turno con las barbies era un juego que compart\u00eda con mis primas m\u00e1s por solidaridad que por convicci\u00f3n. El acabose fue cuando La barbie rubia hab\u00eda perdido a su beb\u00e9 en un accidente, lloraba desconsolada, secaba sus l\u00e1grimas y limpiaba su nariz con un peque\u00f1o pedazo de tela que hac\u00eda las veces de pa\u00f1uelo. El Ken, recuerdo bien, estaba a su lado y dec\u00eda: tus lentes ya est\u00e1n empa\u00f1ados, no llores m\u00e1s y ella respond\u00eda: No quiero que nadie me vea llorar. Para m\u00ed fue suficiente y fui a donde mi abuelo a ver el box, pero apareci\u00f3 mi madre de alguna parte, me tom\u00f3 de la mano y dijo a Silverio: pap\u00e1 las ni\u00f1as no deben ver esas cosas. Sent\u00ed que otra vez mi madre ganar\u00eda la batalla, como cuando me vio en la calle montada en una avalancha y en mi descuido ense\u00f1\u00e9 los calzones, y mi madre molesta, a pellizcones, me meti\u00f3 a la casa para forzarme a entrar de nuevo al mundo rosa de las comiditas y los vestiditos de mu\u00f1eca. Pero esa tarde mi abuelo fue firme y me mantuvo a su lado, para ese tiempo su \u00e1nimo estaba menguando, toc\u00eda mucho y dorm\u00eda m\u00e1s, pero aun as\u00ed le restaban fuerzas para rescatarme.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">De a poco mi abuelo se fue apagando. Un d\u00eda pregunt\u00e9 a mi madre que suced\u00eda con Silverio y me dijo: tiene los pulmones hechos piedra. No entend\u00ed qu\u00e9 significaba tener los pulmones de piedra, ni siquiera sab\u00eda qu\u00e9 eran los pulmones, pero comprend\u00ed que no era algo bueno cuando vi junto a la cama de mi abuelo un tanque de ox\u00edgeno que lo ayudaba a respirar.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Cuando mi abuelo muri\u00f3 no lo acompa\u00f1\u00e9 a su velorio, s\u00f3lo se me fue esfumando como el humo de los cigarros que \u00e9l fumaba, mi madre dec\u00eda que las ni\u00f1as no deben ir a los velorios.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Con los d\u00edas mi madre cay\u00f3 en un abismo de tristeza, se olvid\u00f3 de cepillar mi cabello, de planchar mis vestidos y de estar tras de m\u00ed diciendo lo que las ni\u00f1as buenas deben de hacer. Sal\u00ed a las calles cuando ella permanec\u00eda en cama y mis hermanas mayores ve\u00edan las telenovelas, con su partida Silverio tuvo para conmigo la \u00faltima fineza: me regal\u00f3 la libertad, sin reprimendas, ni ojos inquisitivos, pude correr por la calle con los compas, redimida pude sentir mi cabello rizado caer sobre mis hombros y empapar de sudor mi cuerpo cuando corr\u00eda como lateral derecho, posici\u00f3n que me fue asignada por el cabecilla del grupo de amigos. La sensaci\u00f3n de parar un bal\u00f3n con el pecho por primera vez es indescriptible. Disfrutar de las peleas de box de Julio C\u00e9sar Ch\u00e1vez y del Maromero P\u00e1ez y gritar junto a mi padre al escuchar la campanada final fue mi deleite.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Silverio, Piedad, mis abuelos, son mi casa, mis ra\u00edces, mi a\u00f1oranza\u2026 Soy el fruto que cae y regala su aroma a los caminantes, soy todo, menos la ni\u00f1a bonita que se aguanta. Soy todo, menos la ni\u00f1a bonita de ojos chinos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora de esta historia, \u00c9rika \u00c1vila, debuta en este espacio cont\u00e1ndonos un recuerdo muy entra\u00f1able de su infancia. C\u00f3mo a muchos nos sucedi\u00f3, los abuelos principalmente y los escenarios de ellos se convirtieron en un tel\u00f3n de fondo que nos marcar\u00eda de por vida. Por \u00c9rika \u00c1vila Soy la calle inclinada de Santander, el ropero viejo en el cual ocultarse para evitar una reprimenda, soy sus ojos color miel contempl\u00e1ndome, soy la sangre que cae en el pecho de los pugilistas y las voces extasiadas vitoreando un gol, soy la mu\u00f1eca de trapo formada con manos torpes, soy una ma\u00f1ana triste de octubre, soy el fruto que cae y regala su aroma a los caminantes, soy todo, menos la ni\u00f1a bonita de ojos chinos. 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