{"id":4025,"date":"2021-03-31T12:50:03","date_gmt":"2021-03-31T18:50:03","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4025"},"modified":"2021-04-12T09:17:23","modified_gmt":"2021-04-12T14:17:23","slug":"solo-cerre-los-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4025","title":{"rendered":"S\u00f3lo cerr\u00e9 los ojos"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4026\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-1024x768.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"458\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-300x225.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-768x576.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash-640x480.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/taylor-rooney-4LbH5G4RZ4Q-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>&nbsp;<\/p>\n<p>La siguiente historia es una de miles y miles que le ocurren a quienes en alg\u00fan momento de su vida tuvieron que irse, por diversas circunstancias, a Estados Unidos de Norteam\u00e9rica, a trabajar o a estudiar. Sucedida hace exactamente hace 20 a\u00f1os, parecer\u00eda un episodio de ficci\u00f3n y de terror, de no ser porque todo ocurri\u00f3 tal como la autora no lo narra y ahora lo rescata para compartirlo.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>Altagracia Lizardo Medina<\/em><\/h3>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@rooney?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Taylor Rooney<\/a>, v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/san-diego-california?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese d\u00eda me levant\u00e9 a las cuatro de la ma\u00f1ana como lo ven\u00eda haciendo al menos en los \u00faltimos tres a\u00f1os, para limpiar todos los d\u00edas, de lunes a domingo, un bar ubicado en el barrio de Hillcrest, reconocido por su diversidad y centro de reuni\u00f3n para la comunidad LGTBIQ+, cerca de Balboa Park y del Zool\u00f3gico. Iba sola, en mi Accord gris, por el <em>freeway<\/em> 5; esa tarde creo que cerr\u00e9 los ojos, y eso casi me cuesta la libertad. O la vida.<\/p>\n<p>Deportarme a M\u00e9xico hubiera sido el mejor escenario. Era enero de 2001, unos meses antes de la ca\u00edda de las torres gemelas en Nueva York y de que la situaci\u00f3n para los inmigrantes en Estados Unidos cambiara radicalmente.<\/p>\n<p>Yo viv\u00eda en la llamada \u201cciudad m\u00e1s fina de Am\u00e9rica\u201d: San Diego, California, al este: en la calle 51 y a un par de <em>blocks<\/em> de El Cajon Boulevard. Mi apartamento de una rec\u00e1mara estaba a unos minutos de Tijuana, conocida como la frontera m\u00e1s transitada del mundo; recuerdo que as\u00ed dec\u00eda una grabaci\u00f3n mientras esperaba en la l\u00ednea para cruzar a pie con mi visa de turista.<\/p>\n<p>Hasta entonces ten\u00eda mi propio negocio de limpieza: Cynthia &#8216;s Cleaning, as\u00ed lo llam\u00e9; ten\u00eda facturas y todo, pues mi nombre era Cynthia Flores y debo confesar que al principio me cost\u00f3 trabajo acostumbrarme a mi nueva y falsa identidad. Donde s\u00ed me sent\u00eda libre y conservaba mi esencia era en el San Diego City College, donde estudiaba por las noches <em>High School<\/em>.<\/p>\n<p>Cada lunes por la ma\u00f1ana, despu\u00e9s de limpiar el bar, cruzaba el puente de Coronado, pagaba un d\u00f3lar \u2014cuando va m\u00e1s de una persona es gratis, o as\u00ed era entonces. La casa de los lunes era la de un hombre mayor: Deniss, y su perro era gigante, Destry, a quien siempre me \u201cobligaba\u201d a saludarlo. <em>\u201cHi Destry, how are you\u201d<\/em>, le dec\u00eda yo; obviamente no me respond\u00eda, pero s\u00ed corr\u00eda hacia m\u00ed muy gustoso, pues le hac\u00eda compa\u00f1\u00eda al menos dos horas. Su casa me gustaba, especialmente porque en lugar de patio ten\u00eda un embarcadero en el que a veces yo descansaba: me pon\u00eda unos lentes de sol, me sentaba, cruzaba los pies y so\u00f1aba con alg\u00fan d\u00eda tener una casa as\u00ed.<\/p>\n<p>Con Deniss tuve algunas pl\u00e1ticas y en una de esas me pregunt\u00f3 qu\u00e9 har\u00eda de mi vida, a lo que yo le respond\u00ed: \u201cpues tal vez ya nada importante, ya tengo 25 a\u00f1os y limpio casas\u201d. \u00c9l abri\u00f3 los ojos, sorprendido, y me respondi\u00f3: <em>\u201cthe life is not a rehearsal, you are 25, you are so young\u201d<\/em>, le agradec\u00ed y eso qued\u00f3 sembrado en m\u00ed, sin yo saberlo.<\/p>\n<p>Los martes me tocaba en Point Loma, donde viv\u00eda una pareja heterosexual joven, ah\u00ed me gustaba entrar al estudio donde ve\u00eda sus diplomas, so\u00f1aba con tener uno. Yo hab\u00eda estudiado Administraci\u00f3n de Empresas Tur\u00edsticas, en Guadalajara, donde nac\u00ed, y tuve mi propia agencia de viajes, pero mis socios me estafaron y me qued\u00e9 sin nada. Tom\u00e9 la decisi\u00f3n de vivir en San Diego para buscar cosas nuevas; al fin ten\u00eda apenas 21 a\u00f1os, me quer\u00eda comer el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los mi\u00e9rcoles limpiaba una casa que habitaban tres hombres, ellos manten\u00edan una relaci\u00f3n amorosa entre s\u00ed, lo \u00fanico que no entend\u00eda era c\u00f3mo se pon\u00edan de acuerdo. Su casa era hermosa, cada adorno era especial y su jard\u00edn estaba lleno de flores. Al igual que en las anteriores, pasaba al menos dos horas trabajando. Poner y quitar la alarma siempre me pon\u00eda nerviosa, imaginaba que, si me equivocaba, la polic\u00eda iba a llegar de inmediato y me deportar\u00eda. Eso nunca pas\u00f3: nunca se activ\u00f3 la alarma.<\/p>\n<p>Los jueves tocaba la casa de dos pisos, con un matrimonio joven, \u00e9l italiano y ella estadounidense; se casaron en un barco, lo supe por las fotos que ten\u00edan en las paredes, no recuerdo bien el nombre del lugar, pero estaba cerca de la playa y tambi\u00e9n me sent\u00eda bien al ver mi obra final, cuando todo quedaba limpio. La que me daba terror era la casa que me tocaba despu\u00e9s, pues la due\u00f1a ten\u00eda al menos 8 gatos y yo siempre les he tenido miedo, m\u00e1s que a la migra y a la polic\u00eda.<\/p>\n<p>El gran reto era entrar y que me aceptaran (los gatos, por supuesto), despu\u00e9s de eso no me hac\u00edan caso y cuando se me acercaban demasiado, prend\u00eda la aspiradora para ahuyentarlos. Para ahuyentar a la migra s\u00f3lo necesitaba salir a la calle con seguridad, y cuando un polic\u00eda me detuvo \u2014s\u00f3lo porque s\u00ed\u2014 me sostuve diciendo que estaba de vacaciones, tra\u00eda mi licencia de Jalisco y el carro ten\u00eda seguro (all\u00e1 todos lo tienen, o la gran mayor\u00eda). El polic\u00eda, por mi aspecto f\u00edsico \u2014supongo\u2014 insisti\u00f3 en que yo estaba trabajando. No pudo hacer nada y me dej\u00f3 ir, al final no hab\u00eda cometido ninguna infracci\u00f3n, hablaba ingl\u00e9s y sostuve mi versi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los viernes eran tiempo de familia, de recoger juguetes y desayunar en la barra, pero en la casa que limpiaba, ella asi\u00e1tica y \u00e9l estadunidense, me trataban como si fuera una integrante m\u00e1s; ten\u00edan dos hijos, cuando yo llegaba me dejaban cereal y me dec\u00edan que pod\u00eda tomar lo que quisiera para mi <em>lunch<\/em>, y como me sent\u00eda muy c\u00f3moda, as\u00ed lo hac\u00eda, desayunaba mientras escuchaba en mi grabadora programas de radio en AM, de M\u00e9xico, para no sentirme tan lejos. Todos, todos los d\u00edas pasaban a las 9:00 horas la canci\u00f3n de \u201cM\u00fasica ligera\u201d en una estaci\u00f3n de Tijuana, as\u00ed comenzaba el programa del que olvid\u00e9 el nombre; pero eso \u2014seg\u00fan yo\u2014 me manten\u00eda cerca de mi familia, de mis ra\u00edces: no quer\u00eda perder mi identidad, la verdadera, la de Altagracia.<\/p>\n<p>Los s\u00e1bados limpiaba otra casa m\u00e1s y los domingos s\u00f3lo el bar, ten\u00eda que descansar, pero nunca era suficiente, ni el dinero que guardaba para volver a M\u00e9xico ni el descanso, pero eso s\u00ed, visit\u00e9 cuanto lugar me fue posible; llegu\u00e9 a memorizar las calles, en ese entonces no hab\u00eda GPS ni Google Maps, ten\u00eda un libro rojo en el que ven\u00edan las calles. University, El Cajon Boulevard, Orange Avenue y la Fairmont, eran parte de mi ruta, ir al Cajon City, a la Jolla y Mission Bay, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Ni siquiera tengo claro qu\u00e9 d\u00eda era ni de d\u00f3nde ven\u00eda, eran como las 4 de la tarde, un enero de 2001, me sent\u00eda cansada y puse un casete que mi hermana me hab\u00eda regalado de La Ley: \u201clentamente desvanezco y uso el viento de pretexto, mi cabeza rueda en la escalera\u201d; yo cantaba, evidentemente triste, quer\u00eda volver a Guadalajara, no sent\u00eda que ten\u00eda un hogar, extra\u00f1aba a mi familia, despu\u00e9s de todo ya hab\u00edan pasado cuatro a\u00f1os de estar lejos, aunque estoy consciente que para algunos puede parecer poco, para m\u00ed era demasiado.<\/p>\n<p>\u201cMe encontr\u00e9 en un balc\u00f3n con un \u00e1ngel celestial que me devolv\u00eda mi cabeza, me explic\u00f3 c\u00f3mo encontrarla, cuando se desprende el alma conect\u00e1ndola a mi coraz\u00f3n\u201d, segu\u00ed cantando. Cerr\u00e9 los ojos y las 70 millas por hora que marcaba el Accord gris de pronto se pararon en seco. Un golpe, un estruendo, me volvi\u00f3 a la realidad. No creo haberme dormido, simplemente me fui, mi mente se fue. Estall\u00e9 en llanto, no entend\u00eda qu\u00e9 estaba sucediendo. Me vi las piernas y el golpe no las hab\u00eda alcanzado. Me baj\u00e9, estaba en el carril izquierdo del <em>freeway<\/em> 5, escuch\u00e9 barullos y un hombre afroamericano me dec\u00eda cosas que no entend\u00eda.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo pas\u00f3. El hombre me dijo: <em>\u201ctake it easy, I\u2019m gonna help you\u201d<\/em>. Le expliqu\u00e9 que ten\u00eda vencido el seguro, hab\u00eda olvidado pagarlo, pero ten\u00eda licencia v\u00e1lida de mi pa\u00eds. Le entregu\u00e9 el documento y me pidi\u00f3 calmarme, <em>\u201c\u00bfwhat\u2019s your name?\u201d<\/em>, me pregunt\u00f3. Respond\u00ed: Altagracia Lizardo.<\/p>\n<p>Hasta entonces me di cuenta de la magnitud del percance: eran tres autos involucrados, y ahora que cuento la an\u00e9cdota, me dicen que parece un chiste, porque est\u00e1bamos negociando un afroamericano, un asi\u00e1tico y yo. Para m\u00ed era el fin, en segundos me vi en la c\u00e1rcel, pues el auto del afroamericano se hab\u00eda partido en dos, golpe\u00f3 al del asi\u00e1tico y ven\u00edan personas en la parte de atr\u00e1s, sin embargo, milagrosamente, nadie estaba herido.<\/p>\n<p>No ten\u00eda tel\u00e9fono celular, era 2001, s\u00f3lo ten\u00eda un v\u00edper, que con el choque no supe d\u00f3nde qued\u00f3, me dol\u00eda el pecho por el golpe que me dio el cintur\u00f3n de seguridad, pero m\u00e1s me dol\u00eda el coraz\u00f3n: no quer\u00eda acabar en una corte. El afroamericano me dijo: \u201cvete, con tus datos mi seguro cubre\u201d. El asi\u00e1tico qued\u00f3 conforme.<\/p>\n<p>Mientras el afroamericano anotaba la informaci\u00f3n, pas\u00f3 una gr\u00faa y se detuvo. Era un \u00e1rabe, lo supe por su aspecto y despu\u00e9s por su acento. A \u00e9l le dije: \u201csoy ilegal, no traigo seguro\u201d. \u00c9l, no s\u00e9 por qu\u00e9 raz\u00f3n, me ofreci\u00f3 ayuda, me aclar\u00f3 que no pod\u00eda subir a nadie en la gr\u00faa como copiloto, pero tal vez me vio tan asustada que de inmediato mont\u00f3 el auto y pidi\u00f3 que me escondiera. Me acost\u00e9 en la parte del copiloto y rezaba mientras lloraba, \u00e9l sab\u00eda que si llegaba la polic\u00eda me llevar\u00edan detenida y no s\u00e9 qu\u00e9 cargos enfrentar\u00eda.<\/p>\n<p>Una vez que salimos del <em>freeway<\/em> y tomamos la University supe que estaba a punto de librarla. Y as\u00ed fue. Le pagu\u00e9 200 d\u00f3lares por el traslado, baj\u00f3 el auto y lo dej\u00f3 en la entrada del complejo de apartamentos. Yo segu\u00eda llorando, aunque ahora por el alivio que me daba llegar a salvo a mi casa y sin un polic\u00eda tras de m\u00ed.<\/p>\n<p>En un par de d\u00edas, o semanas (perd\u00ed la cuenta), me lleg\u00f3 por correo una orden para que me presentara a declarar. La sorpresa vino cuando al leer el sobre dec\u00eda: Altar Garc\u00eda. En ese momento y despu\u00e9s de a\u00f1os de ser \u201cbuleada\u201d por mi nombre, celebr\u00e9 llamarme as\u00ed, Altagracia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s al afroamericano le pareci\u00f3 tan extra\u00f1o que opt\u00f3 por pensar que mi apellido era Garc\u00eda y mi nombre un altar, como el que me hubiera gustado ponerle a aquel hombre que me ayud\u00f3, pero que obviamente ya no podr\u00eda contactar, pues no era yo quien deb\u00eda presentarse para enfrentar el incidente, pero s\u00ed era yo quien deb\u00eda repensar qu\u00e9 quer\u00eda de mi vida, ten\u00eda 25 a\u00f1os y entonces entend\u00ed la frase de Deniss: la vida no es un ensayo, la vida es. Ya no quer\u00eda vivir con miedo, ni a los gatos ni a la migra ni a la polic\u00eda, porque el miedo no detiene a la muerte, el miedo detiene la vida.<\/p>\n<p>Seis meses despu\u00e9s dej\u00e9 San Diego y volv\u00ed con mi familia. Ya han pasado casi 20 a\u00f1os y reafirmo que mi camino no era ese, pues no estaba solamente fuera de mi pa\u00eds, estaba fuera de m\u00ed, ya no quer\u00eda trabajar limpiando hogares ajenos, deb\u00eda limpiar mis demonios, aqu\u00ed en casa, por eso creo que ese d\u00eda de enero abr\u00ed los ojos, nunca los cerr\u00e9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; La siguiente historia es una de miles y miles que le ocurren a quienes en alg\u00fan momento de su vida tuvieron que irse, por diversas circunstancias, a Estados Unidos de Norteam\u00e9rica, a trabajar o a estudiar. Sucedida hace exactamente hace 20 a\u00f1os, parecer\u00eda un episodio de ficci\u00f3n y de terror, de no ser porque todo ocurri\u00f3 tal como la autora no lo narra y ahora lo rescata para compartirlo. &nbsp; Altagracia Lizardo Medina Foto de Taylor Rooney, v\u00eda Unsplash &nbsp; Ese d\u00eda me levant\u00e9 a las cuatro de la ma\u00f1ana como lo ven\u00eda haciendo al menos en los \u00faltimos tres a\u00f1os, para limpiar todos los d\u00edas, de lunes a domingo, un bar ubicado en el barrio de Hillcrest, reconocido por su diversidad y centro de reuni\u00f3n para la comunidad LGTBIQ+, cerca de Balboa Park y del Zool\u00f3gico. Iba sola, en mi Accord gris, por el freeway 5; esa tarde creo que cerr\u00e9 los ojos, y eso casi me cuesta la libertad. O la vida. Deportarme a M\u00e9xico hubiera sido el mejor escenario. 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