{"id":3849,"date":"2021-01-08T11:17:58","date_gmt":"2021-01-08T17:17:58","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3849"},"modified":"2021-01-08T11:17:58","modified_gmt":"2021-01-08T17:17:58","slug":"la-mas-bonita-de-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3849","title":{"rendered":"La m\u00e1s bonita de Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3850\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Parque-2-ok.jpg\" alt=\"\" width=\"891\" height=\"594\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Parque-2-ok.jpg 891w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Parque-2-ok-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Parque-2-ok-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/Parque-2-ok-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 891px) 100vw, 891px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>El autor de la siguiente cr\u00f3nica se aventura a calificar a la calle Parque Juan Diego, en Chapalita, Zapopan, como las m\u00e1s bonita de Am\u00e9rica. Y eso, adem\u00e1s, le sirve de pretexto para, al ir recorri\u00e9ndola, evocar una suerte de recuerdos.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<h4><em>\u00a0<\/em><em>Adolfo Cota<\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 temprano a la invitaci\u00f3n a desayunar, por ser s\u00e1bado hab\u00eda menos tr\u00e1fico y veo que ni siquiera son las ocho todav\u00eda. Estaciono y me bajo con el firme prop\u00f3sito de no romper mi racha de ejercicio y al menos caminar los 15 minutos que tocaban hoy en el programa que sigo, adem\u00e1s de que es el mismo tiempo que hace falta para que el restaurante abra y pueda pasar a sentarme y seguir leyendo a Rabelais, voy en el libro 3 de Gargant\u00faa y Pantagruel. La decisi\u00f3n es f\u00e1cil y conocida para m\u00ed: caminar y recorrer toda la calle Parque Juan Diego que se me presenta enfrente a donde me estacion\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay frases que te dicen cuando eres ni\u00f1o que se te marcan para siempre, sin cuestionarlas, sin investigarlas; adem\u00e1s, cuando me la dijeron, era la \u00e9poca antes del internet y no iba yo, como ni\u00f1o de 4 o 5 a\u00f1os, a pedir ir al archivo del estado, hemeroteca o cosa similar a revisar que esto fuera verdad. Por eso me queda claro que, a unas cuadras de la casa de mi mam\u00e1, en la colonia Chapalita, en Zapopan, est\u00e1 la que es la calle m\u00e1s bonita de toda Am\u00e9rica Latina: la calle Parque Juan Diego.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando era ni\u00f1o me lo dijeron y se me qued\u00f3 grabado para siempre. Cuando era adolescente me daba mucho orgullo saber que algo as\u00ed de importante estaba a unas cuadras de mi casa mientras la recorr\u00eda en bicicleta buscando rampas de tierra en los jardines para brincar. En cuatro bicicletas distintas, en cuatro etapas de mi vida, esta calle ha sido destino obligado de muchas veces. Ahora como padre, la he recorrido con mis hijos, siendo lugar, c\u00f3mo no, de bicicletas con ellos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La calle Parque Juan Diego es, como lo dice su nombre, una calle que es un parque. Lo es tanto por sus servidumbres frente a las casas de m\u00e1s de 30 metros (en el puro jard\u00edn del frente f\u00e1cilmente cabr\u00edan un par de casas de estos atestados tiempos), lo es por sus alt\u00edsimos \u00e1rboles, que hacen de sus banquetas hermosos sitios para caminar y regocijarse con la naturaleza en plena ciudad. Lo es tambi\u00e9n por las casas: la colecci\u00f3n de mansiones de familias de abolengo que conforman la calle. Si bien es de doble sentido, es ese doble sentido de antes, de un ancho que dejaba todo un tercer carril de la calle para que fuera usado para estacionar carros, dejando suficiente espacio para que pasen otros dos, cada uno en su sentido de tr\u00e1nsito. Tiene sus dos peque\u00f1as glorietas, en las que se puede caminar dentro de ellas y que hace unos pocos a\u00f1os fueron tomadas, temporalmente (gracias a Dios), por las hordas de motociclistas con mochilas cuadradas de Uber Eats o Rappi, que ah\u00ed estacionaban sus veh\u00edculos y se tiraban a la sombra de los \u00e1rboles, disfrutando del paisaje con el celular en mano a esperar que su <em>app<\/em> les dijera que ten\u00edan trabajo y comida que repartir. Los vecinos se unieron r\u00e1pidamente y pusieron sendos letreros para prohibir que estas hordas de autoempleados, a lomo de motocicletas, siguieran tomando las glorietas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La verdadera calle Parque Juan Diego abarca solamente tres cuadras: desde Ni\u00f1o Obrero hasta Av. de Las Rosas. Si bien trat\u00f3 de continuarse muchos a\u00f1os despu\u00e9s cuando hicieron la ampliaci\u00f3n hacia lo que son los terrenos de la Ciudad de los Ni\u00f1os del Padre Cu\u00e9llar, se ve claramente la diferencia de \u00e9poca, de estilo arquitect\u00f3nico y de altura en los \u00e1rboles. Solo pudieron copiar, en parte, el tama\u00f1o descomunal de las servidumbres frente a las casas. As\u00ed, la calle Parque Juan Diego es, como todo lo bueno y m\u00e1gico, escasa y algo escondida. Y con ello mantiene su estirpe de \u00fanica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bajo a caminarla, la calle solo est\u00e1 siendo transitada por m\u00ed y un madrugador paseante de un perro. Me coloco el cubrebocas para no infringir las actuales buenas costumbres y pongo el <em>podcast<\/em> sobre el fin de la humanidad que previamente hab\u00eda puesto en fila de reproducci\u00f3n. Ya hab\u00eda consumido el \u00faltimo cap\u00edtulo de Las Bolas del Engrudo que inicia con poes\u00eda de Ra\u00fal Aceves. Pienso en el art\u00edculo que escrib\u00ed en LinkedIn hace unas semanas, donde mencionaba que los objetos que usamos cotidianamente son parte y son formadores de nuestras vidas. Lo recuerdo ahora porque mis aud\u00edfonos Skull Candy ya son parte imprescindible de mi <em>EDC, Every Day Carry<\/em> o cosas que usas diariamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Siempre me ha encantado caminar por Parque Juan Diego, sobre todo de ma\u00f1ana temprano, como ahora, o ya tarde, cuando empieza a oscurecer. La ma\u00f1ana apenas abre sus puertas, desperezando a los jardineros que empiezan a trabajar en los bien cuidados terrenos del frente de las casas. La humedad de la pasada noche todav\u00eda se respira y la banqueta, angosta, algo ruinosa en ciertas partes debido a las ra\u00edces de los \u00e1rboles con m\u00e1s de 60 a\u00f1os que la van rompiendo y torciendo de a poco, hacen la caminata siempre lenta, disfrutable. Me gusta ver las casas: grandes mansiones de los a\u00f1os 50\u00b4s y 60\u00b4s, calladas a esta hora. Casas que guardan historia de familias y expol\u00edticos de tiempos pasados, como la de Juan Manuel, aquel amigo de mis abuelos que vivi\u00f3 en esta calle. Puedo decir con orgullo de r\u00e9cord que conozco su mansi\u00f3n de Parque Juan Diego por dentro. \u00c9l hab\u00eda sido guardaespaldas de cierto militar venido a pol\u00edtico despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n y de premio por dormir en el piso, al lado de su cama para cuidarlo, le pag\u00f3 mucho dinero y favores, de esos que la pol\u00edtica da, y con ello se compr\u00f3 una propiedad en esta calle. Fue hace mucho cuando entr\u00e9 en esa casa y a\u00fan recuerdo su patio interminable, la cocina como de restaurante, toda de acero inoxidable y azulejos amarillos y la alberca que me asustaba de ni\u00f1o porque me dijeron que estaba tan honda que si ca\u00eda tardar\u00eda mucho tiempo en llegar al fondo y no podr\u00edan sacarme. La mentira funcion\u00f3 durante mucho tiempo. No es que fu\u00e9ramos a casa de Juan Manuel muy seguido, pero en las pocas veces que \u00edbamos fue cuando me contaron la historia de c\u00f3mo la calle Parque Juan Diego era la m\u00e1s bonita de Am\u00e9rica Latina y lo cre\u00ed desde entonces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora al caminar, veo que algunas casas han sido remodeladas, hechas con los c\u00e1nones arquitect\u00f3nicos actuales y manteniendo su extensi\u00f3n apabullante. Solo la casa al final de calle, cuando corta en Av. de Las Rosas, fue convertida en un hotel boutique fallido y en su cochera han desfilado tres o cuatro restaurantes de finura pretendida y de comida que deja a desear m\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Doy la vuelta a la calle para retomar, regreso por el otro lado de la acera, no sin ver la estatua en piedra de Juan Diego en posici\u00f3n de <em>quarterback<\/em> de f\u00fatbol americano, hincado como cuando se recibe un bal\u00f3n y se pone la rodilla en tierra. La pusieron junto a las otras esculturas y pretendidos monumentos fallidos de Chapalita, en la \u00e9poca cuando Juan Diego se puso de moda porque despu\u00e9s de muchos a\u00f1os, siglos, la iglesia se dio cuenta y comprob\u00f3, bajo sus m\u00e9todos, que s\u00ed era santo, que era San Juan Diego. Fue la \u00e9poca cuando sacaron a la luz ese conocido y horrible cuadro que es la imagen oficial, la cartita de santo donde la iglesia presenta a un San Juan Diego con tez apenas oscura y barba de chivo con bigote que vemos en los altares; de indio como dice la leyenda, ni el huipil, todo lo cual suma a la comprobaci\u00f3n del m\u00edtico evento guadalupano. As\u00ed, hincado como en el cuadro, quiso seguramente un estudiante de artes pl\u00e1sticas que no pas\u00f3 con las mejores notas la clase de escultura 1, hacer la imagen de Juan Diego para la calle que lleva su nombre, logrando solo una evocaci\u00f3n de jugador del deporte del emparrillado. Al no ser original de la calle, se nota impuesta, sobrepuesta, pegoteada. No le presto m\u00e1s atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La calle de regreso se sigue presentando casi sola, s\u00e9 bien, lo tengo contado, que recorrerla de un lado a otro me lleva entre 15 y 20 minutos, seg\u00fan el paso, y yendo de regreso sigo escuchando, atento, c\u00f3mo la vida humana presenta como uno de sus posibles finales el transhumanismo, tanto tecnol\u00f3gico, electr\u00f3nico como gen\u00e9tico, todo para salir del planeta e ir a conquistar las estrellas; esta idea ser\u00e1 el germen de nuevas ilustraciones futuristas que implicar\u00e1n monjes franciscanos patrocinados por marcas de tenis, que ir\u00e1n a llevar la nueva teolog\u00eda espacial a otros planetas. Pero esa, literalmente, es otra historia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y es un efecto que siempre ha tenido en mi la calle Parque Juan Diego: la de alterar mi percepci\u00f3n y hacerme imaginar actividades y proyectos creativos y art\u00edsticos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La caminata tropieza con se\u00f1oras del aseo de estas grandes propiedades que empiezan a sacar la basura de la casa al tiempo de comenzar a barrer las grandes entradas para que los carros lleguen a las mismas. Camino por esta calle y paso por el \u00fanico terreno bald\u00edo, bien cuidado, con el pasto recortado y cercado perimetralmente por malla met\u00e1lica. Recuerdo cuando iba en secundaria: entonces estaba abierto y alg\u00fan muchacho de esta calle har\u00eda una rampa para bicicletas <em>cross<\/em>, con tierra apelmazada, a la que otros, por el hecho de pasar por ah\u00ed, hac\u00edamos uso y sent\u00edamos el v\u00e9rtigo de levantar las dos ruedas de la bici solo si lleg\u00e1bamos a la rampa con la velocidad suficiente. Ahora este terreno es un amplio solar verde, de pasto bien cuidado, esperando seguramente a que su feliz due\u00f1o crea conveniente venderlo como una buena inversi\u00f3n heredada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llego al final del periplo, termino del otro lado de la calle, frente a donde empec\u00e9. Veo que ya es hora de que el restaurante est\u00e9 abierto y me dispongo a ir a tomar caf\u00e9 y leer mientras espero a los amigos que me invitaron a desayunar gorditas de guisos. Es como salir de la selva o el bosque h\u00famedo, regresar a la calle, a la ciudad; dejo atr\u00e1s la calle Parque Juan Diego, la que, sin duda, para m\u00ed siempre ser\u00e1 la m\u00e1s bonita de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El autor de la siguiente cr\u00f3nica se aventura a calificar a la calle Parque Juan Diego, en Chapalita, Zapopan, como las m\u00e1s bonita de Am\u00e9rica. Y eso, adem\u00e1s, le sirve de pretexto para, al ir recorri\u00e9ndola, evocar una suerte de recuerdos. \u00a0 \u00a0Adolfo Cota &nbsp; Llegu\u00e9 temprano a la invitaci\u00f3n a desayunar, por ser s\u00e1bado hab\u00eda menos tr\u00e1fico y veo que ni siquiera son las ocho todav\u00eda. Estaciono y me bajo con el firme prop\u00f3sito de no romper mi racha de ejercicio y al menos caminar los 15 minutos que tocaban hoy en el programa que sigo, adem\u00e1s de que es el mismo tiempo que hace falta para que el restaurante abra y pueda pasar a sentarme y seguir leyendo a Rabelais, voy en el libro 3 de Gargant\u00faa y Pantagruel. 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