{"id":3735,"date":"2020-08-17T13:21:09","date_gmt":"2020-08-17T18:21:09","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3735"},"modified":"2024-09-24T12:19:59","modified_gmt":"2024-09-24T17:19:59","slug":"ir-con-ellas-y-volver-para-contarlo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3735","title":{"rendered":"Ir con ellas y volver para contarlo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3736\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"2400\" height=\"1600\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash.jpg 2400w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/vitor-pinto-Bt2kmY1Q_Zc-unsplash-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2400px) 100vw, 2400px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>Es verano, es tiempo de viajar, pero quienes estamos verdaderamente conscientes<br \/>\nde la situaci\u00f3n que vivimos, preferimos no hacerlo. Mejor viajar recordando,<br \/>\nhurgando en la memoria y reconstruyendo aquellos momentos que nos hicieron<br \/>\nfelices. As\u00ed el autor de la siguiente cr\u00f3nica, que nos lleva de la mano, con ellas, por<br \/>\nmedia Europa.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Eduardo Jorge Gonz\u00e1lez Y\u00e1\u00f1ez<\/h4>\n<pre>Foto de Vitor Pinto en Unsplash.<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Compramos los vuelos en un Liverpool, a mediados de abril. Nos quedamos de ver ah\u00ed a una hora a la que nadie lleg\u00f3, para cotizar los boletos de avi\u00f3n en El corte ingl\u00e9s. Pasamos, antes de aquella bendita resoluci\u00f3n, horas discutiendo cu\u00e1l ser\u00eda la mejor ruta, cu\u00e1les las paradas m\u00e1s convenientes, cu\u00e1l la agencia de viajes en l\u00ednea m\u00e1s econ\u00f3mica, cu\u00e1l la opci\u00f3n con mayor n\u00famero de meses sin intereses y cu\u00e1les las escalas m\u00e1s provechosas: las m\u00e1s cortas, con el riesgo de perder los vuelos de conexi\u00f3n, pero la bendici\u00f3n de llegar m\u00e1s pronto; o las m\u00e1s largas, con el mismo riesgo, pero el benepl\u00e1cito de salir de los aeropuertos y deambular en La Habana, Copenhague o Nueva York.<\/p>\n<p>Ante la desavenencia \u2014que, sin convertirse en un suplicio inaguantable, rein\u00f3 durante todo el viaje\u2014, decidimos someternos al azar de la velocidad con la que los dedos de la vendedora de la departamental ingres\u00f3 en su motor de b\u00fasqueda todas nuestras especificaciones.<\/p>\n<p>\u2014Queremos salir de la Ciudad de M\u00e9xico rumbo a Roma, el d\u00eda 24 de junio \u2014dijimos a la t\u00edpica se\u00f1ora a la que en M\u00e9xico, sin saber nada de ella, hemos dado en llamar se\u00f1orita, dos minutos despu\u00e9s de haber decidido que cada quien llegar\u00eda a la capital como nuestro dios nos diera a entender. La que nos convenci\u00f3 de ir a Italia, volar\u00eda de Tijuana. La que, para nuestra desgracia, nos engatus\u00f3 de pasar un d\u00eda en Mil\u00e1n, llegar\u00eda de Culiac\u00e1n. Y el que escribe, que quer\u00eda tener todo bajo control, viajar\u00eda desde Tuxtla Guti\u00e9rrez\u2014. De regreso salimos de \u00c1msterdam a Guadalajara, el 6 de agosto.<\/p>\n<p>Un segundo antes de pagar, volvimos a desconvenir. \u00a1Qu\u00e9 tal que volvemos a buscar en l\u00ednea y nos sale m\u00e1s barato! \u2014les dije\u2014. As\u00ed lo hicimos y atinamos. Entre brasieres y calzones, del departamento de lencer\u00eda de la tienda, sacamos nuestros celulares y encontramos una alternativa m\u00e1s econ\u00f3mica en internet.<\/p>\n<p>La de Tijuana dice que es de Tijuana pero tiene pasaporte gringo. Con esa llave abre el mundo y con boleto de avi\u00f3n en mano, ten\u00eda todo listo; la de Culiac\u00e1n tuvo que renovar su pasaporte mexicano; yo prepar\u00e9 mis documentos y nos quedamos de ver en la Ciudad de M\u00e9xico el 23 de junio en la noche. Los tres planeamos aterrizar en M\u00e9xico al mismo tiempo, pero con los retrasos de rutina en el aeropuerto Benito Ju\u00e1rez, al mismo tiempo no aterriz\u00f3 ninguna. La de Culiac\u00e1n se fue a un hotel en Perif\u00e9rico Sur y yo a un hostal de mala muerte a espaldas de la catedral. En la ma\u00f1ana del 24 lleg\u00f3 cruda la de Tijuana y me acompa\u00f1\u00f3, en una traves\u00eda para ella insospechada, a llevar unas cartas que ten\u00eda yo que entregar a la presidenta de ONU Mujeres en M\u00e9xico y a Marta Lamas en la UNAM. Comimos en una fonda cerca de Ciudad Universitaria y me maldijo por tanto caminar. Tom\u00f3 el mando, pidi\u00f3 un Uber, pasamos por nuestras maletas al hostal y nos dirigimos al aeropuerto.<\/p>\n<p>\u2014No se vayan a llevar todo su guardarropa. All\u00e1, entre ciudad y ciudad, vamos a movernos en tren o en cami\u00f3n y no hay espacio para sus maletones. Llene cada quien una maleta de diez kilos y su equipaje de mano \u2014les advert\u00ed algunos d\u00edas atr\u00e1s, como sobrecargo de Viva Aerobus que no admite kilos de m\u00e1s. Aceptaron solo despu\u00e9s de mucho protestar mi herej\u00eda, renuentes a creer que osara sugerir llevar diez kilos de ropa para mes y medio de viaje. Atascamos todo lo que cupo en las diminutas maletas y nos encontramos con la culichi en el mostrador de Lufthansa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ndo entr\u00f3 usted a M\u00e9xico? \u2014interrog\u00f3 el se\u00f1or, al que en M\u00e9xico hemos dado en llamar joven, a la gringa.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed vivo. Tengo doble nacionalidad.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 su pasaporte mexicano?<\/p>\n<p>\u2014No lo tengo \u2014le respondi\u00f3 para esc\u00e1ndalo de ella y de quienes a un lado, absortos, o\u00edamos la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY su permiso para entrar a M\u00e9xico como estadunidense? \u2014le pregunt\u00f3 el hombre, tan sorprendido de que no lo tuviera, como nosotros de que le pidieran tal cosa. En la aduana para entrar de San Diego a Tijuana, dejada, como est\u00e1, de la mano de dios, nunca le hab\u00edan requerido aquel papelito. Con la presi\u00f3n de quien sabe que el avi\u00f3n se va con o sin nosotros, corrimos al m\u00f3dulo de Instituto Nacional de Migraci\u00f3n para que la transgresora obtuviera, a cambio de sus respectivos 600 pesos, su permiso para estar en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Llegamos despu\u00e9s de trece horas a Frankfurt, recibidos por polic\u00edas que parecen tallados a mano. Dispon\u00edamos de escasas dos horas para pasar los filtros de seguridad e inmigraci\u00f3n \u2014lo que en M\u00e9xico hemos dado en llamar \u00abhacer aduana\u00bb\u2014 y toda la suerte que pudi\u00e9ramos tener. El aeropuerto es tan inmenso como la fila que hacemos todos y todas quienes tuvimos la fortuna de no nacer en Europa, para llegar con el oficial que nos dej\u00f3 pasar solo despu\u00e9s de decirle que no planeamos quedarnos en vivir, que en mes y medio nos regresamos, que vamos a hacer escuela de verano en Praga, que pagamos una parte del viaje con nuestro trabajo y otra con el de nuestros pap\u00e1s y que antes y despu\u00e9s de estudiar, vamos a dar el rol.<\/p>\n<p>Fuimos los \u00faltimos en abordar, veinte minutos despu\u00e9s de la hora l\u00edmite, y lo hicimos de milagro y gracias a la m\u00e1xima velocidad con la que mi cadera deforme pudo correr. Desde ese d\u00eda deb\u00ed haberme percatado de lo que, hasta algunas semanas despu\u00e9s, la del permiso para entrar a M\u00e9xico tuvo a bien aclararme: \u00abNo soporto que me corretees y prefiero perder el vuelo, el tren, el cami\u00f3n o lo que sea, antes que correr\u00bb. No s\u00e9 si en verdad prefiera eso o si solo me lo dijo para hacerme enojar m\u00e1s de lo enojado que ya estaba durante la discusi\u00f3n en la que me solt\u00f3 tal declaraci\u00f3n. El caso es que ni una ni la otra corr\u00edan ni en defensa propia y la puntualidad no es la mejor ni la peor de nuestras cualidades: simplemente no la conocemos. Desarroll\u00e9 entonces una especia de taquicardia durante aquel viaje, que se instalaba en mi sistema circulatorio con cada tren, cami\u00f3n o avi\u00f3n que abordamos apenas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAqu\u00ed vamos a esperar hasta las tres de la ma\u00f1ana? \u2014me pregunt\u00f3 una de las dos, cuando aguard\u00e1bamos la llegada del cami\u00f3n que nos llevar\u00eda a Florencia, sentados a media noche en la banqueta de alguna de todas las centrales de cami\u00f3n de la capital italiana. Todo cierra temprano en Europa, pero no imagin\u00e9 yo que hasta la central de autobuses. Dadas las doce en punto, un guardia cerr\u00f3 todo y nos puso en la vil calle.<\/p>\n<p>Si en algo acordamos es que la ma\u00f1ana siguiente, llegando a la tierra de Dante, fue de los peores momentos del viaje. Y llev\u00e1bamos cuatro d\u00edas del otro lado del mar. Ten\u00edamos hambre y eso me pone de mal humor a m\u00ed. Ten\u00edamos sue\u00f1o y eso pone de malas a cualquiera, especialmente a ellas. No encontr\u00e1bamos el hotel y cuando lo encontramos, no hab\u00eda nadie para atender y darnos la llave de un cuarto en el que pudi\u00e9ramos descansar. Finalmente lo resolvimos, desayunamos la peor baguette que he comido en mi vida y acordamos que Florencia es de las mejores ciudades que conocimos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed todo mejor\u00f3. La obstinaci\u00f3n de la que nos convenci\u00f3 de ir a Italia era conocer Cinque Terre y all\u00e1 fuimos: un Parque Nacional a la orilla del Mediterr\u00e1neo, con cinco pueblos suspendidos y apartados de la inmundicia, donde todo es disfrutar. Llegamos despu\u00e9s de una breve y obligada parada en Pisa y nos instalamos en el departamento de un tercer piso frente al mar. Comimos, hablamos, nos asoleamos, caminamos, compramos vino, lo bebimos, seguimos hablando, nadamos, descansamos, compramos m\u00e1s vino, lloramos y volvimos a hablar. Los residuos del alcohol en nuestro cuerpo, y el cansancio acumulado de descubrir todas las calles de Roma en tres d\u00edas, nos tumbaron a la ma\u00f1ana siguiente, a la orilla de todos los azules de ese mar, sobre las piedras que los italianos tienen por arena y entre todo nuestro equipaje, hasta que el sol amenaz\u00f3 con desaparecer al final de aquel d\u00eda bendito y glorioso. Solo nos levant\u00f3 del idilio la prisa con la que corrimos a la estaci\u00f3n de tren para tomar el nuestro a Mil\u00e1n.<\/p>\n<p>En Mil\u00e1n estuvimos solo un d\u00eda para cumplirle a la que quer\u00eda conocer. Suficiente tiempo para que mis dos compa\u00f1eras pagaran, por tercera o cuarta vez, cinco euros por un harapo que les cubriera el escote para entrar a la catedral. No vaya a ser que dios les mire los hombros. Llegamos corriendo a la central de autob\u00fas y abordamos el segundo de tantos <em>flexibus<\/em> que nos trasladaron durante ese verano. Internet, caf\u00e9 y olor a pies incluido. Y si va uno sentado junto al ba\u00f1o, pues olor a ba\u00f1o, por no decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>En Praga estuvimos cuatro semanas. Por las ma\u00f1anas, de lunes a viernes \u00edbamos a la escuela. Al salir, cruz\u00e1bamos la calle para comer en el restor\u00e1n donde el programa escolar nos inclu\u00eda la comida, solo para confirmar que como la comida mexicana no hay dos y que la checa no es para nosotros. Por las tardes camin\u00e9 decenas de kil\u00f3metros; algunas acompa\u00f1ado de mis amigas y otras, solo. Ten\u00edan ellas que dormir para reponerse de las salidas de fiesta de las que volv\u00edan a las ocho de la ma\u00f1ana y a las que un par de veces fueron acompa\u00f1adas por m\u00ed y otras, solas. Ten\u00eda yo que dormir para reponerme de las caminatas con las que se me revel\u00f3 una ciudad detenida en el tiempo, pero tan vigente como cualquier otra.<\/p>\n<p>Los fines de semana, despu\u00e9s de mucho dilucidar y valorar alternativas, viaj\u00e1bamos. El primer fin a Viena y el segundo, a Dresde y al Parque Nacional de la Suiza Bohemia. El fin de mi cumplea\u00f1os, haciendo uso de la facultad que tiene un cumplea\u00f1ero para tomar malas decisiones, a Auschwitz, en Polonia y, para compensar, a Budapest, junto con unos capitalinos \u2014que en M\u00e9xico hemos dado en llamar chilangos\u2014 que me presentaron mis amigas y que me arrepent\u00ed de no haber conocido antes. Y el \u00faltimo viernes en la madrugada partimos rumbo a Berl\u00edn.<\/p>\n<p>La idea era llegar temprano para arreglarnos y asistir a la marcha del orgullo gay en la capital alemana. No contaba con el implacable sue\u00f1o de mis amigas, solo abatible con una siesta de varias horas. Llegamos al hotel y pactamos reponernos con una pesta\u00f1ita de media hora. No s\u00e9 si me oyeron mal o si cuando pactamos ya estaban dormidas, el caso es que durmieron todo el d\u00eda y me fui, disfrazado, a marchar. Yo y mis circunstancias. Me alcanzaron solo cuando el sol se ocultaba en el horizonte berlin\u00e9s y un enojo que suelo ocultar se hab\u00eda instalado en todo yo y particularmente en mi garganta. El nudo se convirti\u00f3 en principios de una terrible infecci\u00f3n, del tipo de las que mi mam\u00e1 me ense\u00f1\u00f3 que solo pueden ser resueltas con antibi\u00f3ticos \u2014para los que, a finales del viaje, ya no ten\u00edamos dinero\u2014 o expresando mi malestar. Muy a mi pesar, resolv\u00ed que a\u00fan sobre todas nuestras diferencias invivibles, m\u00e1s invivible era viajar sin ellas. Se los dije y santo remedio.<\/p>\n<p>Salimos de Berl\u00edn rumbo a Bruselas en otro <em>Flixbus <\/em>al que llegamos corriendo. La que nos llev\u00f3 a Mil\u00e1n, y que un par de meses previos al viaje renov\u00f3 su pasaporte, decidi\u00f3 que era buena idea guardar su documento en las entra\u00f1as de su maleta, cargar la maleta en las entra\u00f1as del autob\u00fas, en el guardaequipaje, y olvidarlo todo despu\u00e9s. Cuando a la del pasaporte gringo y a m\u00ed nos pidieron identificarnos, lo hicimos sin problemas y abordamos el cami\u00f3n. Cuando se lo pidieron a la del pasaporte oculto, puso el grito en el cielo ante tan preciado documento extraviado. Abordaron todos y todos arriba se impacientaron porque una mexicana deten\u00eda la partida ante su incapacidad de identificarse. Baj\u00e9 del cami\u00f3n a ayudarla, pedimos que nos devolvieran su maleta y emprendimos una b\u00fasqueda furiosa por el bendito papel. Lo encontramos al tiempo que el cami\u00f3n empezaba a moverse, como pudimos regresamos los quince kilos de ropa dentro de la maleta hecha para diez, la cerramos y corrimos a la puerta del autob\u00fas en movimiento que, sin tentarse el alma, el chofer hab\u00eda comenzado a cerrar.<\/p>\n<p>En Bruselas no habl\u00e9 el franc\u00e9s que me tom\u00f3 tres a\u00f1os aprender ni para pedir un simple caf\u00e9. En ingl\u00e9s nos dijeron incluso que nuestro cami\u00f3n a Brujas se hab\u00eda cancelado y que tendr\u00edamos que esperar algunas horas para tomar el siguiente. En los canales de esa peque\u00f1a ciudad tomamos un recorrido en lancha, del que la del pasaporte extraviado nos hab\u00eda advertido que no podr\u00eda prescindir. Vagamos por las calles de aquel lugar que en sue\u00f1os se invoca y se aparece como milagro, para terminar en un bar en el que mis compa\u00f1eras consagraron en carcajada todo pesar aguantado hasta entonces.<\/p>\n<p>Salimos de ah\u00ed al borde de la hora l\u00edmite para alcanzar nuestro cami\u00f3n a Londres, con la suerte insospechada de llevar el necesario tiempo de sobra para que a la que no le gusta que la apresure vomitara en uno de los botes de basura de la estaci\u00f3n. Para sorpresa de mi m\u00e1s desgastado de lo que me gusta admitir sentido de asombro, cruzamos el Canal de la Mancha por el Eurot\u00fanel de ida y por ferry de vuelta y el ni\u00f1o que apenas vive dentro de m\u00ed reluci\u00f3 como el que por primera vez se maravilla ante lo inusitado. La aduana para mi paisana culichi y para m\u00ed lleg\u00f3 solo despu\u00e9s de la fila inmensa que segrega a los europeos de los mortales. La que vomit\u00f3 en la estaci\u00f3n accedi\u00f3 a la de los europeos con la facilidad que obtiene solo quien muestra su pasaporte azul.<\/p>\n<p>Londres se apropi\u00f3 de toda nuestra fascinaci\u00f3n. Al ver las casi seis libras que costaba cada traslado en el metro, la caminamos toda. Incluimos en nuestro recorrido aquella ciudad, inesperada en todas sus calles, cuando de \u00faltimo momento nos percatamos que nos sobraban tres d\u00edas. Se cumpl\u00edan m\u00e1s de seis semanas de comer McDonalds \u2014yo en su opci\u00f3n vegetariana\u2014 y ni eso nos arrebat\u00f3 el estupor. El pedazo de hotel era un cuchitril que apestaba a orines, cuyo suelo cruj\u00eda y por el que pagamos 150 libras por noche, y est\u00e1bamos admirados. Perd\u00ed el letrero que rezaba \u00abmam\u00e1 estoy bien\u00bb y con el que me tom\u00e9 una foto en cada ciudad que visitamos, y el sentimiento de inabarcable satisfacci\u00f3n por haber decidido modificar nuestro itinerario sigue, hasta hoy, creciendo. Encontramos la <em>Elizabeth Tower<\/em> \u2014que todos y todas hemos dado en llamar Big Ben\u2014 cubierta de los andamios donde trabajan quienes desde hace dos a\u00f1os tienen la tarea de restaurarla. Las obras empezaron en 2017 y tardar\u00edan hasta 2021, pero m\u00e1s que decepci\u00f3n, nos exigi\u00f3 la promesa de regresar para conocerla sin envoltura. Casi perdemos (otra vez) el cami\u00f3n a \u00c1msterdam y todos convenimos en que Londres fue lo mejor. La urbe es absolutamente incre\u00edble; sus museos, infinitamente generosos; sus parques, un portento y el T\u00e1mesis, un prodigio donde uno atestigua la eternidad.<\/p>\n<p>De cualquier manera, la \u00faltima parada tuvo lo suyo. La tijuanense y la culichi no entienden por qu\u00e9 me gust\u00f3 tanto; ser\u00e1 que Tijuana y Culiac\u00e1n tienen tambi\u00e9n lo suyo. Pero \u00c1msterdam me pareci\u00f3 inveros\u00edmil. Inimaginable. Sin esperar nada, cansado de caminar cientos y cientos de kil\u00f3metros durante varias semanas, encontr\u00e9 un tesoro inaudito enclavado a la orilla del lago artificial Markermeer, capital de un pa\u00eds al que el mundo ha dado en llamar Holanda, pero cuyo nombre es realmente Pa\u00edses Bajos.<\/p>\n<p>\u2014Acu\u00e9rdate de dejar tu visa y tu pasaporte adentro de tu maleta y documentarla, al cabo son documentos que casi nadie te pide cuando viajas \u2014le dije a la del pasaporte empacado, con todo el sarcasmo que hay en m\u00ed, el d\u00eda que regres\u00e1bamos a M\u00e9xico y cerr\u00e1bamos por \u00faltima vez nuestras piezas de equipaje.<\/p>\n<p>\u2014Ni siquiera traigo visa \u2014me contest\u00f3 riendo, como tratando de desmontar mi burla.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que no traes visa?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 la quiero?<\/p>\n<p>\u2014Volamos a Houston. De ah\u00ed sale el vuelo a Guadalajara.<\/p>\n<p>Solo ah\u00ed conocimos, aunque m\u00e1s ella, lo que es que se vaya el alma al cielo. De alguna inexplicable manera, sin visa, engatus\u00f3 \u2014como nos engatus\u00f3 a nosotras para pasar por Mil\u00e1n\u2014 a la neerlandesa del mostrador de KLM que nos entreg\u00f3, sin m\u00e1s protesta que un par de preguntas, pases para abordar el avi\u00f3n a Houston. En suelo estadunidense, la gringa pas\u00f3, literalmente, como Pedro por su casa, mientras yo me mord\u00ed las diez u\u00f1as haciendo la fila para pasar los filtros de inmigraci\u00f3n junto a la indocumentada. La detuvieron, la amedrentaron y la dejaron pasar solo a cambio de una multa de 600 d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Abordamos el \u00faltimo avi\u00f3n, camino a Guadalajara, con la seguridad de que aun con todos los altibajos, juntas tendremos que volver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es verano, es tiempo de viajar, pero quienes estamos verdaderamente conscientes de la situaci\u00f3n que vivimos, preferimos no hacerlo. Mejor viajar recordando, hurgando en la memoria y reconstruyendo aquellos momentos que nos hicieron felices. As\u00ed el autor de la siguiente cr\u00f3nica, que nos lleva de la mano, con ellas, por media Europa. &nbsp; &nbsp; Eduardo Jorge Gonz\u00e1lez Y\u00e1\u00f1ez Foto de Vitor Pinto en Unsplash. &nbsp; Compramos los vuelos en un Liverpool, a mediados de abril. Nos quedamos de ver ah\u00ed a una hora a la que nadie lleg\u00f3, para cotizar los boletos de avi\u00f3n en El corte ingl\u00e9s. Pasamos, antes de aquella bendita resoluci\u00f3n, horas discutiendo cu\u00e1l ser\u00eda la mejor ruta, cu\u00e1les las paradas m\u00e1s convenientes, cu\u00e1l la agencia de viajes en l\u00ednea m\u00e1s econ\u00f3mica, cu\u00e1l la opci\u00f3n con mayor n\u00famero de meses sin intereses y cu\u00e1les las escalas m\u00e1s provechosas: las m\u00e1s cortas, con el riesgo de perder los vuelos de conexi\u00f3n, pero la bendici\u00f3n de llegar m\u00e1s pronto; o las m\u00e1s largas, con el mismo riesgo, pero el benepl\u00e1cito de salir de los aeropuertos y deambular en La Habana, Copenhague o Nueva York. Ante la desavenencia \u2014que, sin convertirse en un suplicio inaguantable, rein\u00f3 durante todo el viaje\u2014, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4504,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-3735","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-las-cronicas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3735","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3735"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3735\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3739,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3735\/revisions\/3739"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4504"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3735"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3735"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3735"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}