{"id":2604,"date":"2012-09-28T01:06:23","date_gmt":"2012-09-28T01:06:23","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2604"},"modified":"2024-09-06T13:23:00","modified_gmt":"2024-09-06T18:23:00","slug":"ocho-actos-funebres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2604","title":{"rendered":"Ocho actos f\u00fanebres"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4387\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"552\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara.jpg 900w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara-300x184.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara-768x471.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara-640x393.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\"><strong>Todo pasa frente a un ata\u00fad. Llantos y p\u00e9sames; silencios y miradas perdidas<\/strong><\/span><\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #999999;\">Por Roberto Medina (@chinomorocho)<br \/>\n<\/span><\/strong><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/ocho-actos-fu\u0301nebres-cro\u0301nica-guadalajara.jpg\"><\/a><\/p>\n<p>No te ir\u00e1s. Est\u00e1s sentado en un sill\u00f3n. Frente a ti, en ese cuarto en donde el silencio s\u00f3lo es interrumpido por un llanto intermitente, tienes un ata\u00fad. A tu derecha, en otro sill\u00f3n que est\u00e1 casi pegado al tuyo, est\u00e1 tu padre; ese hombre con los ojos rojos y cansados de tanto llorar. Llanto por la muerte de su madre. Llanto que de inmediato se replica entre los dolientes cercanos. Llanto que a veces es visible y otras tantas s\u00f3lo alcanza a asomar por el rabillo del ojo, como queriendo pasar inadvertido.<\/p>\n<p>No te quejar\u00e1s. El hambre. El sue\u00f1o. El calor. La zozobra. Todas las incomodidades apretuj\u00e1ndose en cada cuerpo. Eso no es importante; importantes son, pues, las personas que se acercan con pasos cortos, como no queriendo llegar al ata\u00fad, pero sin ning\u00fan obst\u00e1culo que detenga su caminar. Esas personas a las que hay que abrazar instantes despu\u00e9s de que observen el cuerpo que yace sin vida, como si un protocolo escrito en todas las paredes as\u00ed obligara a hacerlo.<\/p>\n<p>No improvisar\u00e1s. \u00abLo sentimos mucho\u00bb; \u00abcompartimos su dolor y su pena\u00bb; \u00abestamos para lo que se ofrezca\u00bb; \u00abahora ella ya est\u00e1 descansando\u00bb; \u00abpero si apenas la acababa de ver hace un par de d\u00edas\u00bb; \u00abdeben agradecer que pudieron disfrutarla en vida\u00bb.<\/p>\n<p>No levantar\u00e1s la voz. El ambiente tenso y lagrimoso hace que las palabras queden atrapadas en susurros. Da lo mismo si de dar el p\u00e9same o si de avisar una ida al ba\u00f1o se trata; la voz debe permanecer baja, sin espantar a las almas en pena que quiz\u00e1s s\u00ed o quiz\u00e1s no merodean por ese cuarto.<\/p>\n<p>No confesar\u00e1s. Qu\u00e9 importa si sent\u00edas afecto o apat\u00eda por la que ya no est\u00e1. Siguiendo la m\u00e1xime de que no hay muerto malo, todos recuerdan los momentos gratos \u2014incluso algunos inventados o fuera de proporciones\u2014 que vivieron con la difunta. T\u00fa nadas con la corriente a cambio de no ser odiado y hasta apedreado.<\/p>\n<p>No rezar\u00e1s. Los presentes est\u00e1n de pie, formando un semic\u00edrculo descompuesto; al menos uno de ellos tiene un rosario en la mano, al que frota con los pulgares como si dejar de hacerlo significara ser el peor de los blasfemos. Repiten el padre nuestro, el ave Mar\u00eda y el credo hasta que unos tales misterios den el acto por concluido. Permanecer sentado resultar\u00eda una ofensa para la mayor\u00eda; por eso est\u00e1s de pie como todos los dem\u00e1s. Pero eso no significa que debas rezar. En primer lugar porque eres ateo y en segundo porque tienes tantos a\u00f1os sin hacerlo, que ya ni siquiera recuerdas aquellas oraciones.<\/p>\n<p>No reprochar\u00e1s. El sacerdote balbucea oraciones sin sentido. El calor del mediod\u00eda se pasea irrespetuosamente en esa capilla. T\u00fa alegas que no puedes doblar la rodilla para quedarte parado en la puerta y no tener la obligaci\u00f3n de hincarte. Ves a una se\u00f1ora a la que, piensas, no se la perdonabas. Te das una bofetada mental por tener esos pensamientos justo en ese momento. El padre equivoca la construcci\u00f3n de una oraci\u00f3n: \u00abSi de por s\u00ed una muerte es dolorosa, una muerte inesperada es&#8230; es&#8230; eemmm&#8230; m\u00e1s dolorosa\u00bb. El ata\u00fad descansa en medio de las dos filas de butacas, y es flanqueado en todo momento por cuatro personas; dos de cada lado, que rotan cada 5 o 10 minutos. El sacerdote reza por la conversi\u00f3n de los herejes y todos repiten cada frase en un coro que compite con los sollozos, que no han parado desde hace m\u00e1s de un d\u00eda y que est\u00e1n a unos minutos de llegar a su punto c\u00faspide.<\/p>\n<p>No flaquear\u00e1s. Llega el momento del adi\u00f3s. El ata\u00fad recorre en una camioneta el tramo que lo separa del crematorio. Ahora mismo est\u00e1 frente a dos grandes puertas que significan todo fin. El de los restos mortales. El de la compa\u00f1\u00eda terrenal. El fin de la mesura misma. Todos; esposo, hermanas, hijos, nietos; todos lloran y no hay nada que los consuele. T\u00fa no liberas una l\u00e1grima porque simplemente los sentimientos son caprichosos y en ese momento no les da la gana mandar alguna gota. Ves a tu padre llorar y darle las gracias por todo a su madre, y t\u00fa no haces m\u00e1s que rodearle el cuello con los brazos y recordarle que fue un gran hijo y que debe estar tranquilo; el te llena de l\u00e1grimas el hombro sin decir una palabra, mientras los dem\u00e1s gritan y se quiebran al rededor; mientras los dem\u00e1s se funden en abrazos temblorosos con las rodillas temblorosas y los labios temblorosos. Los dem\u00e1s, los que nunca fueron tan cercanos a la que ya se fue, observan callados y con los labios apretados; con la cabeza baja y los ojos tristes aquella escena que no puede durar por siempre, por m\u00e1s que se desee que por siempre sea la despedida. Tu padre hace uso de las pocas fuerzas que le quedan despu\u00e9s de dos d\u00edas de desvelo y da las gracias a todos por acompa\u00f1ar a la familia en ese momento tan dif\u00edcil. Tu padre abraza su padre y le dice que es hora de retirarse. Todos lo saben y caminan mientras a sus espaldas el ata\u00fad ya ha desaparecido tras esas puertas que significan todo fin. El fin.<\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\"><strong><a href=\"http:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1310\" src=\"http:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Roberto Medina Polanco.<\/strong>\u00a0Le quedaban dos opciones: usar lentes o comenzar a entrenar a su perro para que lo guiara. Para fortuna de su peque\u00f1a mascota, opt\u00f3 por la primera. Siendo aprendiz de periodista y con anteojos, se dio cuenta de que no basta para\u00a0ser Superm\u00e1n o El Hombre Ara\u00f1a. El caf\u00e9 y el Twitter, sus dos adicciones, siguen intactas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo pasa frente a un ata\u00fad. Llantos y p\u00e9sames; silencios y miradas perdidas Por Roberto Medina (@chinomorocho) No te ir\u00e1s. Est\u00e1s sentado en un sill\u00f3n. Frente a ti, en ese cuarto en donde el silencio s\u00f3lo es interrumpido por un llanto intermitente, tienes un ata\u00fad. A tu derecha, en otro sill\u00f3n que est\u00e1 casi pegado al tuyo, est\u00e1 tu padre; ese hombre con los ojos rojos y cansados de tanto llorar. Llanto por la muerte de su madre. Llanto que de inmediato se replica entre los dolientes cercanos. Llanto que a veces es visible y otras tantas s\u00f3lo alcanza a asomar por el rabillo del ojo, como queriendo pasar inadvertido. No te quejar\u00e1s. El hambre. El sue\u00f1o. El calor. La zozobra. Todas las incomodidades apretuj\u00e1ndose en cada cuerpo. Eso no es importante; importantes son, pues, las personas que se acercan con pasos cortos, como no queriendo llegar al ata\u00fad, pero sin ning\u00fan obst\u00e1culo que detenga su caminar. 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